FELICITAS
 
 

Diario ABC, Madrid, 12 de junio 2008

La luz sigue encendida

DANZA

«Felicitas»
Guión: Elio Marchi. Música: Sergio Vaininkoff. Vestuario: Renata Schusseheim. Escenografía: Tito Egurza. Coreografía: Ana María Stekelman. Intérpretes: Cecilia Figaredo, Igor Yebra, Raúl Candal y Ballet Argentino. Direción: Julio Bocca. Lugar: Teatro Compac Gran Vía, Madrid

JULIO BRAVO

Parecía que -afortunadamente-, ese momento no iba a llegar nunca, pero a finales del pasado año Julio Bocca colgaba, desgraciadamente, las zapatillas y se cortaba la coleta (su versión fue raparse la cabeza). Pero la grandeza de este artista va mucho más allá de su propio talento como bailarín, y bien lo saben en Argentina, porque su carisma ha logrado convertir al ballet y a la danza en un arte popular, y su impulso y su iniciativa se ha traducido en diversos proyectos. El más destacado, este Ballet Argentino que el público español conoce muy bien, y que ahora afronta su año I. d.J.

«Felicitas» es un ballet creado para Cecilia Figaredo -durante muchos años pareja artística de Bocca y ahora primera figura de la compañía- prácticamente por el mismo equipo que creó «Adiós, hermano cruel», que sirvió de despedida al bailarín argentino. Está basado en una historia real ocurrida en Buenos Aires a finales del siglo XIX y en la leyenda que se generó tras el suceso, y tiene todos los ingredientes para hacer una buena pieza de danza dramática. Al espectáculo, sin embargo, le falta redondez, intensidad, no termina de emocionar, y es en buena parte por una música que, salvo en momentos puntuales, no está a la altura (tampoco el sonido).

En la coreografía de la siempre magnífica Ana María Stekelman hay momentos de gran hermosura; sabe, especialmente en el trabajo de los solistas, convertir en pasos y movimientos los sentimientos de los personajes, y mueve a los conjuntos con habilidad y sencillez. Cecilia Figaredo baila con calidad, soltura y suficiencia técnica, que dibuja con claridad su difícil y comprometido personaje. A Igor Yebra es difícil verle hacer «de malo». Aquí llena sus intervenciones de vuelo lírico y su interpretación de matices. Raúl Candal, un veterano bailarín que se retiró hace años, compone con peso específico sus papeles. Se echa de menos, claro, a Julio Bocca, pero la luz sigue encendida en el escenario.

 

 

Diario La Nación, domingo 11 de mayo 2008

Danza

La trágica historia de Felicitas

Ana María Stekelman convierte a la pieza en un ballet clásico bien porteño


Felicitas. Amor, crimen y misterio
. Con Cecilia Figaredo, Lucas Segovia, Benjamín Parada, Raúl Candal, Soledad Drago, Lucas Oliva, Jonatan Luján, Valentín Fernández y el Ballet Argentino, con dirección de Julio Bocca. Guión: Elio Marchi. Música: Sergio Vainikoff. Diseño de vestuario: Renata Schussheim. Diseño de escenografía: Tito Egurza. Diseño de iluminación: José Luis Fiorruccio. Producción artística: Lino Patalano. Coreografía y puesta en escena: Ana María Stekelman. Duración: 90 minutos. En el Opera.
Nuestra opinión: Muy bueno

Cuando la complejidad de las artes escénicas (danza, teatro, ópera) está resuelta en una conjunción perfecta, entonces se está ante un hecho artístico de envergadura. Es lo que sucede con Felicitas , ballet que relata la historia de Felicitas Guerrero, una joven porteña enfrentada a su destino trágico por la muerte de su familia y por un mal amor. Ubicada la acción en Buenos Aires, la historia se remonta a 1860, continúa en 1872 y reaparece en 1950, para señalar la eterna vigencia de las pasiones humanas.

El guión, muy hábilmente desarrollado, hace innecesaria la palabra frente a la elocuencia de una coreografía que sorprende por el logro que se obtiene al encarar el estilo clásico con matices muy modernos. A esto se suma el diseño escenográfico de Tito Egurza, que construye mediante imágenes una sucesión ininterrumpida de arquitecturas visuales, recurso que se ve subrayado por la iluminación de José Luis Fiorruccio, sobre todo en el juego de los contrastes. En el vestuario, Renata Schussheim acierta una vez más con los diseños, modelos y colores que le permiten ajustarse a las épocas señaladas sin desentonar en ningún momento y despliega su imaginación con los trajes de la murga y los candomberos.

En cuanto a la música, Sergio Vainikoff elaboró una partitura variada en la que por momentos se reconocen sonidos folklóricos y tangueros. Resulta atractiva tanto la línea melódica como la armónica, sobre todo por la presencia en escena de los Tamboreros del Río de la Plata, con una variedad de instrumentos de parche que aportan su buena dosis de energía. Finalmente, la interpretación y en este sentido Cecilia Figaredo vuelve a exponer su talento al encarar el estilo clásico con una emoción vibrante y sensual. Domina la levedad como pocas, hasta el punto de que, por momentos, parece estar suspendida en el aire. Es etérea, pero también carnal. Los bailarines masculinos, tanto Lucas Segovia como Benjamín Parada, demuestran muy buena técnica y expresividad, pero les falta transmitir la potencia de esos sentimientos que emanan del juego pasional.

Raúl Candal, más allá de sus dotes de bailarín, está magnífico con su dominio y su prestancia escénicos. El protagoniza a la muerte en una escena de gran belleza visual. Algo similar ocurre en la secuencia de la tormenta donde Candal, Cecilia Figaredo, Soledad Drago y María Eva Prediger, impecables todos, interpretan una coreografía de brillante resolución estética, apoyados en el sonido de los tambores.

El elenco del Ballet Argentino aprovecha su momento de lucimiento al tiempo que demuestra una armónica labor de conjunto.

En la hechura final, se nota la mano creativa de Ana María Stekelman, no sólo por el diseño coreográfico, sino también por la puesta en escena que convierte a Felicitas en un ballet clásico porteño.

Susana Freire

 

 

Diario Clarín, domingo 11 de mayo 2008

 

CRITICA: "FELICITAS, AMOR, CRIMEN Y MISTERIO", EN EL TEATRO OPERA

La tragedia de una mujer apasionada

La historia es fascinante y las actuaciones notables. Pero algunas cuestiones narrativas quedan perdidas.
Por:  Laura Falcoff

Un equipo muy similar al que hace pocos años concibió El hombre de la corbata roja fue nuevamente reunido por la producción del Ballet Argentino -compañía que dirige Julio Bocca- para un nuevo emprendimiento: Felicitas, amor, crimen y misterio. Otra vez, una obra argumental aunque con un punto de partida sustancialmente diferente: aquí el libretista Elio Marchi elaboró un guión de ballet sobre la historia de la viuda Felicitas Guerrero, mujer de la aristocracia porteña que vivió durante las últimas décadas del siglo XIX y fue asesinada por un amante despechado.

El relato que el guión construye tiene un gran número de situaciones: además de un prólogo y un epílogo que ocurren en épocas diferentes a la de la acción central, pasan por el escenario una primera fiesta en la casa de Felicitas en la que aparecen sus varios pretendientes (entre ellos el futuro asesino Enrique Ocampo), su boda con Martín, la desilusión de Ocampo, el burdel al que lo arrastra el sufrimiento, la epidemia de fiebre amarilla, la muerte del hijo y del marido de Felicitas, su abandono posterior del luto, nuevas fiestas, nuevo enamorado, etc., así hasta llegar al momento del asesinato.

No puede esperarse que la dan za por sí misma vuelva comprensibles estos hechos; por lo tanto, a la manera del repertorio del ballet académico, cada una de las escenas de Felicitas es minuciosamente descripta en el programa. Se comprende, ningún movimiento podría decir lo que dicen las palabras: los padres de la joven le informan que se casará con Martín, un hombre mucho mayor que ella que la fascina con su porte y elegancia. No hay danza que traduzca esta idea y de ahí las descripciones en el programa.

Pero lo cierto es que confieren a Felicitas un tinte un poco anacrónico, así como la estructura y el lenguaje coreográfico de Stekelman, sostenidos en el concepto de cuerpo de baile como fondo -o en otros momentos como nexo- de las escenas de los protagonistas. El conflicto tiende a aplanarse y la obra a tornarse más decorativa que dramática. Sin embargo, es preciso destacar la entrega fenomenal de Cecilia Figaredo, una Felicitas muy comprometida, y la no menos fantástica entrega de Lucas Segovia.

Asimismo fue emocionante ver a Raúl Candal, ex primer bailarín del Teatro Colón, en dos roles no muy extensos pero de considerable peso escénico.

 

 

Diario La Capital, Rosario

Bocca debutó como
director con "Felicitas" en El Círculo

Julio Bocca puede dormir tranquilo. El teatro El Círculo le brindó el sábado su primera ovación como director del Ballet Argentino cuando apareció sobre el escenario para el saludo final junto al elenco de "Felicitas". Y si bien ese aplauso contiene una alta cuota de admiración por su trabajo como bailarín, festejó además la cercanía siempre esquiva para los no iniciados en un arte como el ballet. Un objetivo por el que Bocca peleó (sus performances sobre la avenida 9 de Julio porteña lo confirman) y que se expresa firme en una obra de fácil lectura, corta, de alto vuelo estético e interpretada con sensibilidad por la primera bailarina Cecilia Figaredo.

"Felicitas" se trata de un hecho real transformado en mito urbano y, por consiguiente, son inmediatamente reconocibles las referencias históricas. Según la creencia popular, las mujeres con males de amores dejan anudados sus pañuelos en las rejas de la iglesia de Santa Felicitas del barrio porteño de Barracas para que el espíritu de la joven patricia seque sus lágrimas e interceda por ellas.

De allí el nombre de la puesta. "Felicitas, amor, crimen y misterio" se basa en la vida de Felicitas Guerrero que asombrara a la Buenos Aires de mitad del siglo XIX con su belleza. En los parches de Los Tamboreros del Río de la Plata se mezclan la alegría del carnaval con la agorera pelea de dos varones por una extraña mujer. Ahora la casa de los Guerrero está de fiesta y Felicitas se encuentra con Enrique, quien le declara su amor y es rechazado. La joven debe casarse con Martín de Alzaga, mayor que ella y de muy buena posición social. La desgracia del amor no correspondido llevan al pretendiente a los más bajos placeres. Al tiempo, la peste hace estragos y mata al hijo y al marido de Felicitas.

En esta primera parte de la obra, Figaredo expone sus dotes acompañada por un ballet finamente sincronizado y siempre llamativo gracias a la minuciosa calidad de las coreografías (ideadas por Ana María Stekelman) y el vestuario (un diseño de Renata Schussheim). La frescura juvenil se marca en los movimientos gráciles de los bailarines y la tragedia se yergue, oscura, en pasos irascibles y lamentos, bajo la onmipresente presencia de La Muerte, un hallazgo interpretativo del bailarín invitado Raúl Candal.

Tras el intervalo y el duelo, la protagonista vuelve a la vida social y luego de un extraño viaje a través de una tormenta (un juego de luces, música y fotos fijas proyectadas impresionante) conoce y se enamora de Samuel, un hombre que les ofrece abrigo. Vuelven a sonar los tambores del carnaval y la fatalidad regresa con ellos. Enrique es nuevamente resistido, asesina a Felicitas de dos tiros por la espalda y se suicida. Aquí si la obra queda depositada en los hombros de Figaredo que gracias a una profunda compenetración con el personaje sale de su acto en solitario tan aplaudida como Lucas Segovia, quien interpreta a Enrique.

Luego de su debut mundial como director, Bocca puede dormir tranquilo. "Felicitas" posee la apertura mental necesaria para sacar al ballet de su caja de cristal y la seguridad de una cuidadosa dirección traducida en grandes actuaciones y una puesta impecable. El trabajo está hecho, ahora el gran público tiene la palabra.

 

 

El Ciudadano, Rosario

Felicitas, amor, crimen y misterio
, del Ballet Argentino dirigido por Julio Bocca y protagonizada por Cecilia Figaredo, fue estrenada en Rosario. Una propuesta potente, singular y técnicamente perfecta.

Miguel Passarini / El Ciudadano


Partiendo de una historia verídica cuyo peso dramático la acerca a las sangrantes tragedias lorquianas, Felicitas, amor, crimen y misterio, que el sábado por la noche se presentó en el teatro El Círculo en carácter de estreno mundial (anoche realizó otra función, luego debutará en Buenos Aires y en junio, en Madrid), quizás sea la propuesta más cerrada de los últimos trabajos montados por el Ballet Argentino, que creó hace 18 años y dirige el ahora retirado –de los escenarios– Julio Bocca, en el campo de una estética que si bien toma elementos del teatro, sigue poniendo a la danza en el primer lugar.
Se trata de una impronta que la compañía comenzó a desarrollar en 2004, con el estreno de El hombre de la corbata roja (trabajo inspirado en el cuadro homónimo de Antonio Seguí) y que continuó dos años después con la versión que la compañía montó de Adiós hermano cruel, basada en el drama isabelino Lástima que sea una puta, de John Ford.
Ahora, el mismo equipo, que cuenta con guión de Elio Marchi, música original de Sergio Vainikoff, diseño de vestuario de Renata Schussheim, escenografía virtual de Tito Egurza, diseño de iluminación de José Luis Fiorruccio, producción artística de Lino Patalano y coreografía y puesta en escena de Ana María Stekelman, partió por primera vez de un hecho verídico: la historia de la malograda Felicitas Guerrero, cuyos entretelones le hacen sombra al más exagerado culebrón mexicano.
Al mismo tiempo que transcurría el siglo XIX en Buenos Aires, Felicitas Guerrero comenzaba a ser el centro de atención de la aristocracia de su época. Hija de José Guerrero y Felicitas Cueto, se convirtió en una joven muy cortejada, aunque su padre resolvió en su primera juventud un matrimonio arreglado con un hombre muy poderoso. Fue así que en 1862 se casó con Martín de Alzaga, por entonces de 60 años.
Sin embargo, la joven estaba enamorada de otro hombre, Enrique Ocampo, quien, secretamente, también la amaba. El matrimonio no fue feliz, pero un hijo ayudó a mejorar las cosas, aunque años después la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires terminó con la vida de su hijo y Alzaga murió tiempo después, tras una profunda depresión. Acto seguido, y luego de los años de luto, Felicitas, con apenas 26 años, buscó rehacer su vida. Fue así que conoció a Samuel Sáenz Valiente, se enamoró y decidió volver a casarse. Enrique Ocampo no soportó quedar relegado por segunda vez y se dirigió a la casa de Felicitas. Luego de una discusión, le disparó y luego se suicidó. Ella murió tres días después. Los Guerrero construyeron una capilla en homenaje a su hija en lo que hoy es el barrio de Barracas, frente a la Plaza Colombia. La iglesia es dueña de una triste fama: nadie se casa allí, las campanas suenan solas, y muchos aseguran haber visto el fantasma de la mujer deambulando por la zona. Del mismo modo, las mujeres que padecen mal de amores anudan sus pañuelos en las rejas de la iglesia. Dicen que a la mañana siguiente amanecen mojados con las lágrimas de la muchacha.

La propuesta del Ballet Argentino, de casi dos horas de duración con un entreacto, está sustentada en una construcción narrativa cuyos planos (diez cuadros en total, incluyendo prólogo y epílogo) van forjando los momentos culminantes de la vida y temprana muerte de la joven, a través de un increscendo que da sus frutos en el segundo acto y donde se confirma que la técnica bien utilizada no tiene por qué opacar el trabajo de los bailarines en escena, como suele suceder.
Es así como el ballet consigue acomodarse a la narrativa propuesta, apoyándose en el conocido talento de la primera bailarina Cecilia Figaredo (Felicitas), acompañada por Lucas Segovia, Benjamín Parada y Jonatan Luján en los roles protagónicos. Figaredo logra aportar al personaje la dramaticidad requerida, acentuando sus dotes de intérprete, dado que su expresión acompaña el movimiento, demostrando que, más allá de su técnica perfecta, su intención está en dar carnadura al personaje.

Del mismo modo, el estupendo Raúl Candal, otrora primer bailarín del teatro Colón y director de esa compañía de baile, quien vuelve al ruedo tras doce años de ausencia de los escenarios, sustenta sus dos personajes (el mayordomo de la casa de Felicitas y la muerte) con recursos clásicos pero también con aportes del teatro Noh japonés y una presencia escénica que sólo los años y el oficio consiguen armar.
Los otros dos protagonistas indiscutidos del montaje son la maravillosa propuesta escenográfica virtual de Tito Egurza, compuesta por proyecciones en tres dimensiones y efectos lumínicos, y el ingenioso vestuario de más de 80 trajes de la artista y vestuarista Renata Schussheim, cuyo aporte plástico y policromático construye una especie de estructura dramática propia que acompaña el desarrollo de la historia pero que no se ata a los dogmas de un vestuario histórico sino que se juega por una propuesta revisionista al tiempo que innovadora.
Si bien el espectáculo comienza con una escena (prólogo) que transcurre durante un carnaval de los años 50, frente a la Iglesia de Santa Felicitas en pleno corazón del barrio de Barracas donde una misteriosa mujer vestida de blanco se suma a la fiesta para luego desaparecer misteriosamente, lo que sigue son viñetas que van desde el casamiento de la joven, su vida cotidiana, el carnaval o una fiesta en la estancia, hasta terminar en la muerte y el nacimiento del mito, por suerte resuelto sin regodeos (el tema es una tentación para cualquier creador). En varios pasajes, la puesta se completa con el acompañamiento y la elocuente presencia del grupo de percusionistas Los Tamboreros del Río de la Plata, completando alrededor de 30 artistas en escena, con pasajes verdaderamente deslumbrantes.
Para el final, y tras los profusos aplausos, con un teatro El Círculo que si bien no estaba colmado supo valorar la calidad de la propuesta, Julio Bocca apareció en el escenario. Más aplausos y ovaciones para todos, pero en especial para un artista recientemente retirado y al que la danza mundial ya comenzó a extrañar.