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Juntos,
Pelay, Amadori y Humberto Oriac (Cairo, al revés),
firmaron “Bertoldo, Bertoldino y el otro (Gran
Circo Criollo)” y “A Misia Presidencia”
(Torneo Galante), su primera producción en el
Maipo, estrenada el 23 de marzo de 1928. Era una parodia
política metida en la arena de un circo, con
monólogos, coreografías y canciones.
En “Bartoldo...”, Azucena Maizani estrenó
el tango “Esta noche me emborracho”, de
Enrique Santos Discépolo. En julio el equipo
presentó “El paraíso de las mujeres”,
con desfile de bailarinas y “una crónica
diaria” de la Argentina. También actuaba
Azucena Maizani. El 12 de octubre los autores presentaron
la revista “Vértigo” - verdadero
desafío al título que se representaba
cuando el incendio de 1928 - y dentro de ella un sketch
denominado “Del Scala al Maipo”, con referencias
a todas las etapas de la sala, incluída la del
Esmeralda. El elenco, un elencazo: Gloria Guzmán,
Carmen Lamas, Linda Telma, Meneca Tailhade, Laura Pinillos
y el maestro Bernardino Terés, que antecedió
en la dirección orquestral de los espectáculos
de la sala al notable Hans Diernhammer, un alemán
que no tardó en aposentarse tras la música
de escena de tantos éxitos.
Tras el recorrido por otros escenarios impuestos por
el incendio, Amadori y Pelay retornaron al Maipo el
17 de enero de 1930. El teatro descansaba en la seguridad
de algunas operetas adaptadas al medio local. Los nombrados
no quisieron deshacer del todo ese modelo y ajustaron
una versión de “Apasionadamente”,
de Hennequin y Willemetz. En julio de 1931, el Maipo
retomó su vieja y exclusiva rutina de la revista.
Pelay produjo y Amadori escribió y dirigió
“Balconeando en la ciudad”. Severo Fernández,
Marcelo Ruggero, Tania, Francisco Canaro y su orquesta,
María Esther y Segundo Pomar, Héctor Quintanilla,
Alberto Anchart y Abelardo Farías discurrían
sobre política y actualidad. Gloria Guzmán,
Tania Ruggero y Quintanilla participaron en la posterior
“Atención que me voy”, estrenada
en noviembre de 1931. Un mes después resuenan
los monólogos de Pepe Arias en “¡Pa’
el 32 estos es jauja¡”, de Amadori y Manuel
Romero. Laurita Hernández se había incorporado
en el elenco.
Libertad Lamarque, Alicia Vignoli y Pedro Quartucci
se reúnen en “Viuda alegre 1931”,
de Amadori y Pelay, con Diernhammer en la batuta. El
9 de agosto de 1933, en la pieza revisteril “En
lo mejor de los mundos”, Pepe Arias estrenó
el monólogo del rotoso de Villa Desocupación
que dio origen en 1935 a su célebre personaje
del film “Puerto Nuevo”, el primero de Amadori,
codirigido con Mario Soffici. El 5 de octubre de 1933
hubo fiesta internacional en el Maipo: había
llegado, contratada especialmente para actuar en ese
escenario, la hispano mexicana Rosita Moreno, muy conocida
desde que había acompañado a Carlos Gardel
en “El día que me quieras” y en “Tango
bar”, los dos films últimos del Zorzal.
Rosita Moreno regresó en 1963 para la revista
“Volvió Rosita” y en 1938 para interpretar
la película “El canillita y la dama”
con Luis Sandrini; al final del rodaje estaba ya con
sus canciones en el Maipo (otro retorno, en 1940, la
destinó al Teatro Casino).
En abril de 1934, la revista “Aquí están
Pepe y Sofía, los ases de la alegría”,
juntó al famoso monogolista con la inimitable
del decir canyengue Sofía Bozán, superestrella
del tango, la endecha política y la humorada
de doble sentido en el Maipo de los años de 1930
y de 1940. En el mismo año, Charlo se agregó
a esos elencos de “Vampiresas Porteñas”,
donde estrenó el tango “Duda”, suyo
y de Amadori. En “A la Habana me voy”, Pepe
repitió frente a Sofía su famoso soliloquio
sobre el Graf Zeppelín. Hacia 1935 Amadori destacaba
en una conferencia de prensa cuánto habían
aprendido de los gestores del Maipo y de la presencia
reciente de Maurice Chevallier en un escenario porteño
y dirigía la representación de sus “Escalera
Real” y “¡Qué fenómeno
el turismo!”. Por esos días Juan Carlos
Thorry subió como estrella al escenario de la
calle Esmeralda.
A medida que Amadori le fue tomando el gusto al cine,
desde 1935, escribió menos para el teatro y confió
en la pluma de su colega Antonio Botta, que redactó
los diálogos de innumerables producciones posteriores
que Luis César Amadori sólo produjo y
en algún caso dirigió. Este último
entendió el calor escénico de los cuadros
con tules y escaleras y con cierta reminiscencia de
algún reino perdido donde todo fuera feliz y
pausado pero elocuente. Por entonces, Sofía Bozán
estrenó en el Maipo el tango “Puente Alsina”,
de Piana y Manzi, y se agregaron Aída Ollivier,
Alicia Barrié , Victoria Cuenca, Perla Mary,
Elena Lucena y Pablo Palitos, nombres que parecen repujados
en la memoria querida del teatro Maipo. Llegaron, contratadas,
algunas figuras internacionales: Etta Moten - creadora
del número “Carioca”, en el film
“Volando a Río” - y las rubias platinadas
Frances Wray y Geraldine Pike. Ntervinieron en la revista
“Las alegres rubias del Maipo”, la primera
- dicen - que incorporó los característicos
“boys” sobre la escena. Sofía Bozán
presentó entre tanto la milonga “Largá
las penas”, y el tango “Se piantan los años”.
El elenco se agrandaba con Ramón Garay, Gladis
Rizza y Marcos Caplán. En 1936 fue contratada
la puertorriqueña de ojos achinados Mapy Cortés,
mientras Aída Ollivier estrenaba la rumba de
Lecuona “María de la O” y decía
lo suyo la cancionista Blackie (Paloma Efron). En 1937,
en medio de la profunda crisis económica que
vivía el país, el Maipo era la única
sala orientada a la revista donde la miseria nunca entró,
aunque sobre el tablado todos hablaban de ella. La escena
fue avanzando hacia la década de 1940 con títulos
bien elocuentes de la realidad y del tono de los espectáculos
como “Il barbiere de La Plata”, “La
voz del Maipo (estación onda corta)”, “El
dólar está cabrero”, “Jugando
pasa la vida”, “El gran paraguas de la paz”,
“Veranito de San Juan (elecciones libres)”,
“Gauchos de Nueva York”, “Hora cambiada,
ciudad reventada”, “¡Entró
a tallar el del Interior¡” (alusión
a un nuevo ministro de esa cartera), entre otras muchas.
El lunes 6 de septiembre de 1943 un nuevo incendio castigó
las instalaciones del teatro Maipo. Ardió nuevamente
el escenario, esta vez con tres muertos, dos maquinistas
de parrilla que no lograron bajar y el actor Ambrosio
Radrizzani, que cumplía papeles secundarios y
que regresó a retirar sus pertenencias cuando
ya se había alejado de las llamas. Se representaba
entonces la revista “Apaga luz, mariposa, apaga
luz”. Cuando estalló la lámpara
cuyo fogonazo produjo el siniestro estaban en el escenario,
frente al público, Elsa del Campillo y Alberto
Anchart. Sofía Bozán y Aída Ollivier
huyeron prestas mientras salvaron sus vidas la cancionista
cubana Rita Montaner, que esperaba su ingreso fuera
del escenario, y Pablo Palitos y Dringue Farías,
que se habían retirado. Nuevamente, como en 1928,
el afectado fue el escenario. La oportuna caída
del telón metálico aisló el tablado
de la sala, que quedó a salvo. Mecha Ortiz, que
actuaba en el Politeama con la pieza de Jean Jacques
Bernard “El hombre que yo quiera”, ofreció
una función a beneficio de los caídos
en el fuego. Claro que, como la función debe
continuar, algo más de un mes y medio después,
el 29 de octubre, reabrió el Maipo con el estreno
de “Pucha que son lindas las noches oscuras”
y la reposición de
de “Volvieron las oscuras golondrinas”,
dirigidas por Botta y Marcos Bronenberg.
Actuaban Sofía Bozán, Alberto Anchart,
Marcos Caplán y Oscar Villa, acompañados
por Deolinda Saravia, folklorista brasileña.
Desde hacía tiempo. Los miércoles, la
compañía de teatro francés de Rachel
Berendt aprovechaba los días de descanso del
personal del Maipo para ofrecer sus actuaciones. También
retornó tras el incendio, no sin antes entregar
el monto de una función para la familia de las
víctimas. A fines del 43, el Maipo se jactaba
de ser la única sala teatral con refrigeración.
La revista era alusiva: “Para frescura la nuestra”.
En 1944 Luis César Amadori adquiere el edificio
donde funciona el Maipo, Eduardo R. Becar y Antonio
Pratt se ocupan de algunas puestas en escena, con elencos
que incluyen a Francisco Charmiello, Pedro Quartucci,
Raimundo Pastore, Emperatriz Carvajal, Lalo Malcolm,
Sofía y Olinda Bozán, Marcos Caplán,
Mario Fortuna, Aída Ollivier y Fanny Navarro,
entre muchos. El 3 de julio de 1946, el Maipo debió
cerrar sus puertas afectado por la ola de censura que
se desató también sobre los teatros Casino
y El Nacional, aunque a éstos no los alcanzó
la medida. La inspección municipal había
hallado que un resorte de la puerta de ingreso al foso
utilizado por los músicos cerraba demasiado lento.
En realidad, la medida insistió en “morigerar”
un monólogo que pronunciaba Sofía Bozán
imitando a Lucienne Boyer que había sido advertido
antes por rumores, igual que el texto sobre un legislador
laborista a cargo de Marcos Caplán. Un día
después, el Maipo funcionaba de nuevo como si
hubiera nada pasado pero la revista política
se fue debilitando hasta desaparecer. “Se han
suprimido todos los cuadros de este aspecto, de modo
que no quede ya la menos ironía política
en ningún teatro de Buenos Aires”, dijo
La Nación el 5 de julio de 1946. En diciembre
de 1950, una revista de Antonio Botta tenía un
título sugestivo “Tomáte la vida
en broma”.
Bajo otro signo político, el 7 de octubre de
1955, se produjo en la sala un inesperado tumulto. Sobre
el escenario tenía la palabra Juan Carlos Mareco
“Pinocho”. Un grupo de jóvenes irrumpió
en la platea oscura al grito de “un teatro libre
y democrático”, los inoportunos visitantes
subieron al escenario e hicieron discursos. Los dispersó
la policía y sólo se alargó media
hora la función que había sido suspendida.
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